Compartir conocimiento para sobrevivir

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No lo digo yo, lo dice el informe “The Atlas of Ideas” de DEMOS. Uno de los autores es Charles Leadbeater, que recordarán por su libro sobre la inteligencia colectiva de masas:

We used to know where new ideas would come from: universities, science parks and corporate research centres in rich countries. Think again.

Wherever in the world you look, new enrants are reshaping the landscape for science and technology-based innovation. But what do these changes mean? How should policymakers and business leaders respond? And how do we strike the right balance between competition and collaboration?

El resumen es que prosperarán quienes sepan compartir el conocimiento, y no quienes lo protejan. Y aprovechar las sinergias del desarrollo innovador en China, India o Corea del Sur. Según el infome, Europa tiene que actuar ahora, mientras aún se está desarrollando esa capacidad de innovación en Asia. Y ofrece cuatro recomendaciones:

  1. Dar rienda suelta a una colaboración masiva, internacional
  2. Convertir a Europa en un “imán de talento”, facilitando el flujo de emprendedores e innovadores
  3. Construir bancos de conocimiento, es decir, crear y fortalecer los lazos con las comunidades científica e investigadora de terceros países
  4. Liderar la ciencia global hacia metas globales, la vieja aspiración de convertir a Europa en un referente.

Compartir conocimiento parece la clave, también en la empresa. El valor, en un espacio de la información y conocimiento, está en compartir lo que sabes. Aquello que Kathy Sierra plasmó tan agudamente en su post “Mosh Pit as Innovation Model” y que es la base de ese bonito proyecto de Consultoria 2.0 y de Open Business.

Créditos de la fotografía: Niklas Wikström en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

Blogs como espacio de interacción

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Algo que sorprende de los blogs y las redes sociales, aparte de la familiaridad, es cómo son/somos capaces de crear un nuevo espacio de interacción. Alcanzar a personas desconocidas a golpe de clic y contactar con ellas, al menos en la dimensión lingüística donde te muevas.

En los últimos días, he recibido un correo electrónico de una lectora chilena a la que le gusta mi estilo, una propuesta de continuidad -y negocio- de Personal MBA (porque el blog les resultó interesante), una reunión de RichDadClub en Zaragoza (por fin conoceré a Jaizki) y hasta detalles de la propuestas electorales de un partido político.

Espacios sociales en la fría y distante tecnología. La tecnología modela nuestra vida privada, pero también nuestra vida pública. Lo mismo puede ser usado por un grupo de jóvenes que se comunican entre sí, o como soporte para un grupo de personas que colaboran en un proyecto. La blogosfera es un espacio abierto, como explica Estalella:

Los blogs se han convertido en uno de los grandes fenómenos de Internet en los últimos dos años: la emergencia de un vasto espacio de comunicación en el que millones de ciudadanos se convierten en activos comunicadores (Rainie, 2005).

La blogosfera, abierta a la libre participación y jerarquizada según el reconocimiento social, es similar a otras comunidades colaborativas de carácter meritocrático. Pero para los autores de blogs el sostenimiento de su actividad nace del prurito por ser leído, escuchado, referenciado… de ser, a fin de cuentas, reconocidos socialmente tanto por sus lectores como por otros bloggers.

La práctica de los bloggers puede describirse como un género de escritura referencial. Los blogs están plagados de hiperenlaces a través de los cuales sus autores referencian artículos, apuntan hacia blogs afines o enlazan materiales de todo tipo, generando de esta forma la arquitectura de la blogosfera, de la cual emerge una jerarquía de visibilidad que hace más visible aquello más relevante y funciona como un sistema de filtrado colaborativo de la información.

Lo importante es cómo se comparte y se transmite ese conocimiento/información en otras direcciones. Usos de blogs y procesos de socialización, ya ven.

Créditos de la fotografía: Kevin Dooley en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

Corrientes circulares en el tiempo

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Ayer evité el recorrido de todos los días, la línea de color marcada en el mapa, con sus horarios y paradas previstas. Ayer crucé trayectos con Jordi y Adolfo.

Allí donde Barcelona era suburbio y hoy es tecnología, donde la urticaria de los centros comerciales le produce sarpullido al estudioso de bloggers. Corrientes circulares en el tiempo. Hablamos de ritmos (¿ seguiré siendo blogger ?), de amigos comunes, de series, de nuestras vidas. Como viejos amigos, sin apenas conocernos. Allí nos juntamos tres bloggers para hablar de cosas de bloggers. Me sigue sorprendiendo la familiaridad de este entorno. Tan lejano en lo físico, pero tan cercano en lo humano…

Como siempre, un placer.

Radicales libres en el mundo del software

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Me gustó “El mito del programador en sus ratos libres”, que referencia al artículo de Chris “Long Tail” Anderson, “The awesome power of spare cycles“, donde se plantean si el fenómeno open source está impulsado por el enorme poder de muchas personas que programan en sus ratos libres. Un artículo de su revista rebate los argumentos de Anderson:

Se llega a la conclusión de que la mayoría del código, las modificaciones y los parches fueron, en realidad, incorporados por personas a sueldo de empresas como Red Hat, IBM, Novell, Intel, Oracle, Google y otras.

Bienvenidos al siglo XXI, señores. Los radicales libres (sin segundas intenciones, disculpen) ya no son tan libres. Y es lógico y razonable que sea así, pues por mucho que la buena voluntad de muchos colaboradores ayude a mejorar estos proyectos, es necesaria cierta financiación económica para llevarlos adelante. Por otro lado, coincido con Dans en que puede ser incluso positivo, la eliminación de ese halo de heroismo tecnológico alrededor del software libre y dotarlo de un carácter más profesional. Tomen la pastilla roja, y verán cómo es posible darle una visión empresarial aprovechando sus posibilidades.

Y es que la programación es una actividad ciertamente menospreciada. Como decía Sergio Montoro en “300.000 euros no es nada”, “tenemos que cambiar la mentalidad de que el software puede comprarse por cuatro chavos mal contados al proveedor más kamikaze que puje por el proyecto.”. Por que el software libre no ha mejorado la percepción del valor del software sino que, más bien, está generando la percepción en los clientes de que no tienen que pagar por nada. Vamos a buscar tecnología barata.

Un soporte de calidad para las conversaciones abiertas en torno a una estrategias empresariales diferentes, como las de Open Business. Tengo que echar un vistazo a los contenidos que están subiendo…

Créditos de la fotografía: Bruno Coutinho en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

 

Renovación política

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Ahora que llegan las elecciones, vuelve la eterna duda. Como ciudadano, quiero ejercer mi derecho al voto, pero no está nada fácil.

Mi problema es que he perdido la identificación con cualquier partido político (si alguna vez la tuve). Me aburren los ejes izquierda-derecha, me aburre que unos hablen de “la derechona” y los “rojos”, el “somos progresistas” y el “centro derecha moderado”. Me cansan las campañas de crispación, acusaciones y “prietas las filas”, la tradición política y su discurso sectario. No entiendo que la política anteponga territorios a personas. Creo que muchos votantes (a diferencia de los políticos) han superado esa etapa hace tiempo. Se necesita frescura y caras nuevas en este ambiente tan carcomido. De nuevo la idea de renovación política, y de los políticos.

¿Líderes o quiénes pretender serlo?  Puede ser un error de apreciación, pero tengo la sensación que el 90% de los ciudadanos ya tienen decidido su voto. Lo siento, soy incapaz de votar con el corazón, siempre votaré con la cabeza. A quien crea que ha trabajado bien estando el poder o a una alternativa coherente de la oposición. No puedo “votar y olvidar”. Me sigue encantando la visión del partido político para una era de “política abierta” de la que hablaba Paul Hilder. Republicanismo cívico como renovación política.

Por favor, eliminen ya la pegada de carteles y las furgonetas con altavoces.