Obsesión por la productividad

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Será el buen tiempo, que hace que me resulte refrescante leer que “la productividad es peligrosa”. O al menos la productividad obsesiva.

Como habrán podido comprobar, algunos picos de trabajo se convierten en cordillera y aparecemos poco por aquí. Algo debo cambiar, claro. Echo de menos aquellos ratos ociosos, terreno fértil de mi propia creatividad. La obsesión por la productividad es, en realidad, una obsesión por el tiempo: generar más en menos tiempo. “Time is money” decían los primeros capitalistas. “Time is life” me gusta más… Tener tiempo para tu vida, sin condenas. Como decía Goytisolo en “Telón de boca”:

¿Quién había tenido la idea funesta de medir el tiempo y sujetar sus vidas a la tiranía irrisoria del reloj?

Créditos de la fotografía: angeloangelo en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

Altruismo en la web social

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Adolfo Estalella hace un análisis somero pero acertado del concepto de “altruismo” en las aplicaciones sociales de la Web 2.0: muchas ganas en el inicio, pero elevados costes de mantenimiento en el medio y largo plazo. Lo orienta bastante al coste económico, pero yo le daba vueltas al concepto de participación (coste de mantenimiento, pero del equipo de personas ligadas al proyecto).

¿Ejércitos de voluntarios deseando aportar? Nada más lejos de la realidad. El tema me interesa porque lo “sufrí” en el arranque de Personal MBA (¿ alguien se acuerda de aquello ?) o Consultoria 2.0. Mucha buena voluntad inicial, unas cuantas personas muy centradas y con intereses comunes, pero que quedaron en agua de borrajas. Probablemente, por no mantener la intensidad, el calor y la tensión después del empujón inicial o por no crear un núcleo estable de personas comprometidas, como planteó Julen en 20 cuestiones a la participación que complementan muy bien esta reflexión.

Hablando de participación, había olvidado comentar que nuestros colegas de eAdmin han puesto en marcha Propuestómetro (ya abandonado), una plataforma wiki de participación ciudadana basada en los principios de emergencia, autoorganización y la web 2.0.

Me gustaría retomar en algún momento otros proyectos que me ilusionaron. Pero me da respeto encontrarme con un monstruo entre las manos, que necesite que le dedique tiempo y a quién no pueda atender convenientemente. El altruismo también tiene costes (y no sólo económicos).

La necesidad de MBAs

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En España padecemos “titulitis”, es decir, esta afección consiste en una necesidad patológica de gente ultraformada. Por parte de las empresas, porque piden requisitos exagerados para los puestos que ofertan. Por parte de los demandantes de empleo (aquí no se libra nadie) para poder tener un currículum más aparente (con el nombre del título bien visible). Y por parte de las escuelas de negocio y universidades que fomentan (en muchas ocasiones) la idea que a mayor precio, más relevancia de título y más posibilidades. Y, claro, no siempre es así.

Todo esto viene a cuento porque he empezado a Mintzberg y justo me he cruzado con esta frase de Guy Kawasaki:

“To measure the value of a start-up, just count the number of engineers, each of them is worth 500.000$. Then count the number of MBAs, each is worth negative 500.000$.”

Para medir el valor de una start-up, cuenta el número de ingenieros, cada uno de ellos vale 500.000$. Después cuenta el número de MBAs, cada uno vale 500.000$ negativamente. Pero no solamente eso: tampoco podemos desestimar la validez de un título universitario y basarlo todo en la experiencia profesional. Hay mucha gente que en vez de tener 20 años de experiencia, tiene 1 año repetido 20 veces. Interesante el equilibrio a buscar en los procesos de selección.

Créditos de la fotografía: Majocesa en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

Vivir para trabajar

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Me tocó la fibra “No vivas para trabajar” de Tíscar Lara, referenciando las preguntas que Mercè Molist se hacía sobre cómo trabajar sin perder calidad de vida.

Francamente: ¿la gente que trabajáis duro, vuestra vida es tan… inexistente? ¿O existen trucos? Espero que sí y que haya llegado mi momento de aprenderlos, como en su tiempo aprendí los trucos para trabajar en casa y no morir en el intento: rutina, rutina y rutina, horario, horario y horario, por la mañana no se duerme hasta tarde, a las 19h se cierran el ordenador y el despacho, descansos cada hora y media, imposición de ver a gente diariamente. (…)

El trabajo es ego y, como tal, siempre quiere más. No dudará en zamparse tu vida, tus relaciones sociales, tu cuerpo, tu alma, tu tiempo. Te engañará haciéndote creer que porque curras mucho todos te admiran, triunfas en la vida y te quieres un montón. Mentira. Quererse no es matarse a currar y nada más.

Vivir para trabajar o trabajar para vivir. Me tocó la fibra por la vorágine de trabajo y el escaso tiempo libre que he disfrutado últimamente. Me ha exigido mucho esfuerzo, pero también cambiar algunos de mis hábitos. Organización y bastante disciplina para ir capeando el temporal, que todavía colea.

El problema es cuando las cosas te van bien, salen nuevos proyectos interesantes e ilusionantes, y vas solapando esfuerzos. El éxito fomenta que se mantenga esa esclavitud. Y mientras todo esta vorágine te envuelve y se convierte en un círculo vicioso que fagocita tu vida social y tu ocio. Círculo del que me gustaría salir (al menos, los fines de semana) que te permitan disfrutar de ciertas cosas necesarias para uno mismo y que no tienen precio.

Como decía Tíscar: frena, descansa, vive. Y aprende a decir NO, a ver si me aplico el cuento.

Créditos de la fotografía: Eneas De Troya en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

 

Portabilidad entre operadoras

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La ausencia de ridículo de algunas empresas roza lo sobrenatural. Hemos pedido una portabilidad de Internet y llamadas de Telefónica a Ono. Teníamos una centralita RDSI sencilla que tiene toma para 4 teléfonos convencionales en su salida.

La portabilidad consistía en algo aparentemente sencillo (o me lo pareció cuando mi compañero que se encarga del asunto me explicó los detalles). Poner dos líneas ADSL (una 2-2 MB de bajada y subida y otra 10-1) y hacer la portabilidad de líneas telefónicas, manteniendo en la medida de lo posible la centralita que nos permite pasar llamadas entre nosotros y balancea las llamadas a los dos números de teléfono de la empresa, permitiendo hablar simultáneamente.

Claro, cuando quieres contratar nunca hay problemas. Pero el caso es que han desfilado por la oficina hasta 5 técnicos diferentes, de diferentes subcontratas, pero con capacidades variadas (dejémoslo ahí). Todo empezó con varios problemas para liberar la línea y traspasarla a Ono. Mal empezamos. El caso es que, después de dos semanas, seguimos con una línea telefónica inutilizada (no podemos hablar simultáneamente), el router que nos instalaron parece que no deberíamos tenerlo (o eso dice la señorita de Atención al Cliente), uno de los aparatos de conexión no funciona (según el comercial, seguro que no está configurado) y, por si fuera poco, la línea 10-1MB es, en realidad, 2MB-300KB pero pueden subirla a 8-1MB si pagamos un poco más. Pero entonces, ¿ qué habíamos contratado ? Y de la centralita no hablamos, eso no es su responsabilidad. Si queremos centralita habrá que pagar otra vez. Una auténtica vergüenza.

En el fondo, todas estas empresas son parecidas. Como comentó fernand0, en este país de juguete bastaría que una empresa fuera seria y atendiera a sus clientes como clientes, para llevarse el gato al agua. Y, para colmo, llaman los de Telefónica para recordarnos que están a nuestra disposición para lo que necesitemos, después de haberlos estado persiguiendo durante un par de meses.

Y luego nos cuentan que el acceso a la información se ha convertido en el motor de cambio de la nueva Sociedad de la Información. Si dicen que Telefónica tima, la publicidad de Ono debería ser Oh-NO!. Esperpéntico.

Créditos de la fotografía: Tantek Çelik en Flickr (bajo licencia Creative Commons)