Regulación como señal de fracaso del sistema

1
Regulación y crowdfunding

Ayer hubo un terremoto mediático con la noticia de la intención del Ministerio de Hacienda de regular la actividad de financiación colectiva (o crowdfunding, en inglés). Algunas plataformas como Lánzanos ya han reaccionado al respecto. La información, por el momento, es bastante confusa, pero se han filtrado algunos datos: los proyectos no podrán pedir más de un millón de euros, cada ‘mecenas’ no podrá gastarse más de 3.000 euros en un solo proyecto ni más de 6.000 en un año o que las plataformas tendrán que estar controladas por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

Esta mañana, Juan Macías escribía un artículo haciendo una reflexión en positivo, planteando algunos motivos para aplicarlo. Léanlo, tiene razón en varias cosas. Por ejemplo, en la necesidad de que los promotores de estos proyectos estén “válidamente constituidos en España”. Sin embargo, otros puntos que siguen sin estar claros, los he comentado con Juan Macías por Twitter.

Juan aplica su razonamiento a Kickstarter, la plataforma de financiación colectiva de mayor éxito en Internet, donde explica que el volumen de fraude (tanto de inversores como de invertidos) es creciente. En mi opinión, antes de regular convendría valorar cuánta actividad de financiación puede ser considerada como fraude o blanqueo de capitales. Si quieren conocer cómo se producen algunos fraudes en Kickstarter, lean esto. Es sencillo defraudar en Kickstarter, porque sólo se valida la tarjeta de crédito, pero no se comprueba si hay fondos suficientes. Y también es posible revertir el cargo a la tarjeta.

Desconozco si hay números -absolutos y relativos- del volumen de fraudes en estas plataformas, pero dudo que sea tan significativo. Y, en todo caso, que las plataformas tengan un sistema contra las estafas (algo deseable), no justificaría regular de ese modo la actividad. De hecho, ante los casos detectados en Kickstarter, la misma Lánzanos explicó cómo en su funcionamiento, a diferencia de la plataforma norteamericana, son ellos quienes realizan los cobros directamente y aseguran el pago.

También argumenta Juan que esa regulación sólo perjudica a un mínimo porcentaje, pero da tranquilidad a la mayoría. Personalmente, la regulación me genera preocupación, no tranquilidad. Si algo necesita estar regulado, es que asumimos que está fuera de control. Y es preocupante cómo puede afectar esta regulación a decenas de plataformas pequeñas y medianas que ejercen su actividad en este ámbito. No es razonable que reclamemos mayor apoyo a empresas y emprendedores y, acto seguido, nos permitimos el lujo de cambiar sus reglas de un plumazo, abocando a muchas a la desaparición.

En cualquier caso, si el objetivo es minimizar los fraudes, ¿no estamos creando una regulación artificial como prevención? ¿No es matar moscas a cañonazos? ¿Por qué regular la cantidad que yo mismo, como ciudadano, decido voluntariamente que quiero aportar? Sinceramente, se me escapan los beneficios frente a sus inconvenientes, igual los lectores/as pueden aportar algo más de luz. Como dice Simón González de la Riva, “como hay robos en las calles, limitemos las calles. Como hay quien invierte mal, que no invierta nadie.”

Últimamente, ando centrado en estudiar los sistemas complejos y su aplicación en la gestión organizativa. Uno de los autores más destacados, Deming, afirmó que “el 95% del rendimiento de un sistema obedece a causas del propio sistema y solo un 5% se pueden atribuir a las personas”. En un sistema auto-regulado, que empezaba a funcionar como alternativa de financiación a la banca, se aplica una regulación que limita al propio sistema. Y el supuesto beneficio es evitar un posible fraude. ¿No es contraproducente intermediar? En términos sistémicos, hay enormes diferencias entre tratar de regular (controlar) un sistema y ayudar a que se auto-ordene. La mayoría de los gestores (véase nuestros políticos) tratan de controlar creyendo que es la forma correcta de dirigir y, paradójicamente, cualquier intención de control genera más desorden. Los problemas derivados del aumento de la complejidad (regulación) son muy superiores al posible beneficio.

Una mayor regulación no es señal de éxito, sino de fracaso del sistema.

Créditos de la fotografía: Rocío Lara (bajo licencia Creative Commons)

1 comentario

  1. […] las administraciones, porque los mayores acreedores de Gowex son organismos públicos. Ya saben que no soy amigo de una regulación excesiva. Por supuesto, es necesaria una cierta regulación o supervisión del dinero público, pero con […]

Deja tu comentario