Creativos en la empresa

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En “The Power of Ordinary Practices”, Teresa Amabile habla de mi tema favorito, la creatividad en la empresa:

“With all the focus entrepreneurs and business executives place on strategy, they can lose sight of the people “in the trenches” who actually have to implement the strategy—the knowledge workers who are carrying out the work of the organization. In my research we look at how entrepreneurs and executives can think about the day-by-day management of those people in the trenches, since they determine, to a large extent, whether the strategy is going to work.

I believe that a focus on creativity is absolutely essential for current business success. I define creativity as producing novel, workable ideas and solutions to problems; innovation is implementing those ideas within an organizational context. You need novel and useful ideas at all stages of a process, from early idea generation up through successful implementation. I maintain that creativity is possible and desirable in all forms of work, no matter what people are doing. In particular, knowledge workers require creativity.”

Sólo un pero: la creatividad por sí sola no tiene sentido. Adquiere sentido cuando nuestra aportación es reconocida e incorporada por la organización y su entorno. Una idea que no se implanta y funciona no merece la pena.

Otra idea interesante: los trabajadores del conocimiento requieren creatividad. Son creativos en la empresa, aunque no sea un camino de rosas. Mihaly Csikszentmihalyi concluye en sus estudios que los creativos son individuos de personalidad compleja, presentando opuestos rasgos de personalidad en diferentes momentos: agudos e ingenuos, extravertidos e introvertidos, humildes y orgullosos, agresivos y protectores, realistas y fantasiosos, rebeldes y conservadores, enérgicos y pausados, integrados y diferenciados… Son personas que en sus reflexiones cotidianas no sólo se preguntan el qué y el cómo: también se preguntan por qué, incluso varias veces.

¿Te reconoces? Si os digo la verdad, yo sí.

Créditos de la fotografía: Nina Matthews en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

Nuestra capacidad de autogestión

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En Ingeniería del Software hay un gurú llamado Watts Humphrey, que diseñó dos procesos de desarrollo: Personal Software Process (PSP) y Team Software Process (TSP). La idea es sencilla: antes de dominar la dirección de equipos, debes dominar el proceso cuando trabajas de forma individual. Y ni mucho menos es trivial.

La reflexión viene porque continuamente veo en muchas organizaciones la (lógica) preocupación por el fomento del trabajo en equipo, pero la organización y la autogestión se desarrollan en mucha menor medida. ¿Somos capaces de autogestionarnos? Muchos de nosotros tenemos dificultades para gestionar eficazmente nuestro tiempo, para gestionar nuestros propios proyectos, nos falta disciplina para planificar o hacer la trazabilidad de nuestras acciones. En ocasiones, es ciertamente complicada la crítica derivada del autocontrol de calidad de tu propio trabajo. Incluso determinar el ritmo a seguir en planificaciones largas.

Últimamente, vemos noticias sobre cómo el teletrabajo se abre camino en España. Y parece necesario, porque cada vez son más las personas que reclaman ese tiempo como propio. Somos capaces de enviar personas al espacio, pero no conseguimos resolver los problemas derivados del tráfico. ¿ Estamos preparados para dar ese paso y autogestionar nuestro trabajo ? Pertrechado hasta los dientes como toda la tecnología, el teletrabajador debe ser disciplinado, constante para realizar sus tareas con eficacia, evitando cualquier distracción, tolerando la soledad y el aburrimiento de estar lejos de su entorno.

Y eso no es fácil, nada fácil. Al empleado medio español le gusta sentirse arropado por la empresa. Rutina y horario fijo es el ideal de muchos asalariados españoles. No estamos formados para separarnos del cordón umbilical. ¿ O sí ?

¿ Valdremos todos para ser teletrabajadores ? ¿ Cómo deben actuar las organizaciones para favorecer el desarrollo en las posibles competencias a aplicar ? Porque, a veces, da la impresión que con un portátil, un móvil y una buena conexión es suficiente…

Créditos de la fotografía: Marina Noordegraf en Flickr (bajo licencia Creative Commons).

Conocimiento abierto

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La idea de compartir e intercambiar recursos de calidad es tan antigua como la humanidad. El trueque funcionó y sigue funcionando. Algo parecido pasa con el conocimiento. Se hace demasiado énfasis en el software libre, pero demasiado poco en el conocimiento abierto:

Juan Zamoro, de la empresa extremeña Pulso Sistemas de Gestión, ha reflexionado sobre el valor del software libre en las estrategias empresariales y ha discutido algunos modelos de innovación que extienden el concepto estricto de software libre: APIs abiertas, mashups, publicaciones científicas de acceso abierto, etc. Ha puesto de manifiesto que tan importante como el software libre, un tema muy popular y con muchos evangelizadores y defensores apasionados, es la libertad del conocimiento, un tema menos debatido y restringido a sectores más minoritarios. Pero, en realidad de poco vale la libertad del código del software si el conocimiento está cerrado.

Se considera que el conocimiento es “más” que la información, y la información es “más” que los datos. La información serían datos organizados y estructurados mientras que el conocimiento sería la información interpretada y puesta en contexto. Bajo este esquema lineal, lo importante realmente es el conocimiento y deberíamos centrar nuestros esfuerzos en que el conocimiento sea abierto (al menos, por ejemplo, en el caso del conocimiento científico generado con financiación pública).

Creo que deberíamos ir incluso un poco más allá. Los datos (los datos “crudos” o “raw data”, acompañados de sus metadatos) pueden ser “más” que la información o el conocimiento, o al menos “algo distinto” e igualmente valioso. El conocimiento es una interpretación y uso, de entre muchos posibles, de los datos; incluso la información es una organización y combinación, de entre muchas posibles, de los datos disponibles. El acceso a los datos, no ya a la información o al conocimiento, es fundamental para que otros puedan usarlos de forma diferente respondiendo a nuevas preguntas o utilizándolo de una forma innovadora y creativa.

Los últimos pasos de baile van esa dirección: recoger, compartir y distribuir conocimiento. Lo realmente importante es, por tanto, el conocimiento y no tanto el medio. El conocimiento es un bien común al que todos deben tener acceso, y por ello, nuestro objetivo común no debería desviarse demasiado de generarlo de manera más accesible, ubicua y gratuita (al menos, por ejemplo, en el financiado con fondos públicos).

Sin embargo, hay espinas en el camino hacia el conocimiento abierto. La comunidad científica y académica va dando pasitos, aunque las cosas de palacio van despacio. Iniciativas no faltan: revisión a través de blogs, redes abiertas de conocimiento, recursos didácticos abiertos, etc. El debate está encima de la mesa: la necesidad de que el conocimiento sea libremente accesible y difundible. ¿Por qué? Porque es una vía que nos permitirá luchar eficazmente contra la pobreza, prevenir pandemias, reducir los efectos de las catástrofes naturales y promover un desarrollo más humano y sostenible.

Como dice un proverbio africano: el conocimiento y el amor son iguales, porque son las dos únicas cosas que aumentan cuando se comparten.

Créditos de la foto: Ian Muttoo en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

Regando las macetas de error500

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En nuestra labor compartida de regar las macetas de Antonio en su ausencia, iré dejando aquí los enlaces a las entradas que escriba en error500.

La verdad que es un verdadero placer que un A-list como él confié en un servidor para esa labor:

Sociedad de la Imaginación

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(Has leído mal el título del post, no pone “Información”, pone “Imaginación”)

Hablaban en “Poder de la imaginación”, sobre una iniciativa de la Junta de Extremadura: apostar por el poder de la imaginación como la revolución socioeconómica para impulsar el sistema productivo de la región española todavía menos desarrollada de España:

La imaginación como fuerza motora de un movimiento de innovación a todos los niveles, protagonizado por la propia sociedad civil extremeña, para lograr un modelo de crecimiento alternativo y diferenciado y, por tanto, más competitivo, que posicione a Extremadura con una oferta única, y unos valores propios, frente a un mundo y un mercado cada vez más globalizados. (…) Operativamente, el GIJ está estructurado como una gran red que optimiza la malla formada por los grupos de desarrollo rural desplegados en las 24 comarcas extremeñas; las universidades populares y cámaras de comercio ubicadas en las principales poblaciones; y los cientos de entidades, instituciones, asociaciones y empresas que acaban de configurar este mapa de colaboradores activos.

Crowdsourcing ciudadano. Crear una cultura que fomente e interiorice la innovación como parte intrínseca del proceso de creación de valor. Configurar un nuevo territorio creativo a partir del apoyo, formación y ayudas a iniciativas innovadoras no dependientes únicamente de las nuevas tecnologías.

No deberíamos subestimar el poder de la imaginación, especialmente de la agregada. Cuando usas tu imaginación visualizas una situación desde diferentes ángulos. Del mismo modo que un pintor contempla un lienzo en blanco y visualiza lo que llegará a ser, debemos limpiar la mente de ideas preconcebidas, pensar creativamente e imaginar el futuro que queremos construir. Dedicar más tiempo a usar la imaginación. Soñar como motor motivador y proseguir hasta alcanzar nuestros logros. Encaja bien en mi filosofía. Especialmente, me parece clave la figura del “facilitador”, alguien que tutela al innovador en todo el proceso, orientándolo y animándolo a proseguir o moderando expectativas desmesuradas. Para convertir la imaginación en realidad, se cuenta con una consultoría en creatividad, asesorías diversas y un ciclo formativo. Un proceso mayéutico en el que el innovador ha de encontrar la mayoría de las respuestas a través de su propio esfuerzo e iniciativa personales.

¿Y si, a pesar de todo, llegara el fracaso? Pues toca saber aprovecharlo como una valiosa palanca de aprendizaje para asegurar el éxito en nuevos intentos. Como dice Feather, «el éxito es una cuestión de perseverar cuando los demás ya han abandonado». La verdadera prueba es cuando las cosas se ponen feas y sigues creyendo en tí mismo, en tu proyecto. Ser leal a uno mismo.

Sólo me queda una duda: la continuidad. Parece lógico que una vez creados nichos de innovación estos colaboren activamente entre sí y generen nuevas iniciativas dentro y fuera de la región, manteniendo el modelo por sí mismo. En cualquier caso, un proyecto a tener en cuenta.

Créditos de la fotografía: Asparukh Akanayev en Flickr (bajo licencia Creative Commons)