Luces y sombras del legado olímpico: ¿Citius, Altius, Fortius?

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Es evidente que los Juegos Olímpicos constituyen algo más que un evento deportivo, ya no son un fin en sí mismo. Se demostró en Barcelona, donde  fueron una oportunidad para abrir la ciudad al mar, se crearon nuevos espacios urbanos y se dieron nuevo usos al espacio público. Así que lo más apropiado para el día de inauguración de los Juegos Olímpicos que analizar el legado que deja en las ciudades que lo albergan.

Hay una novedad que, probablemente, dejará una marca de estos Juegos: intentarán ser los más ‘sostenibles’ de la historia. Reducirán las emisiones de carbono hasta en un 50% y se plantea la restricción del uso de vehículos frente al transporte público o la bicicleta. Incluso el Estadio Olímpico y otras instalaciones han sido construidos con material reciclado de la demolición de otros edificios. En el fondo, se trata de una apuesta con el objetivo de atraer inversiones verdes capaces de reactivar la economía, lograr ahorros futuros coherentes con la austeridad.

Sin embargo, este gran legado olímpico con una apuesta por la sostenibilidad esconde enormes incongruencias. El “brandalismo” anti-olímpico arde con fuerza en Londres. En primer lugar, la factura final de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 rondará los 11.000 millones de libras, sin contar los 788 millones que se desembolsaron para comprar los terrenos del Parque Olímpico de Stratford. Todo un derroche de medios y recursos para unas Olimpiadas calificadas de “sostenibles” y “socialmente éticas”. Por otro lado, algunos patrocinadores están en el punto de mira. Dow Chemical, una de las empresas patrocinadoras del evento, es ahora propietaria de Union Carbide, la compañía responsable de la catástrofe de Bhopal (India) en 1984 . BP, responsable del vertido de crudo en el Golfo de México, es otro de los principales patrocinadores del evento. Por si fuera poco, las medallas son fabricadas por Río Tinto, una empresa que tiene importantes denuncias de contaminación en EE.UU.

De pronto, el halo de sostenibilidad se borra como un dibujo en la arena de la playa.

¿Y el legado olímpico para los ciudadanos de Londres (y de Gran Bretaña)?

En primer lugar, siguiendo con los criterios de sostenibilidad, lo que se hizo fue tomar el East End, una zona industrial que estaba casi abandonada. Toda la tierra y los ríos estaba contaminados. Lo que se hizo fue hacer un tratamiento al terreno para sanearlo; y los edificios que se han demolido, se demolieron de tal manera a que se pudieran reutilizar los escombros para construir los nuevos edificios. Por otro lado, como aspecto positivo, se ha diseñado un programa de promoción del deporte en toda Gran Bretaña.

Sin embargo, el principal argumento de realización de los Juegos Olímpicos sigue siendo la regeneración urbanística de las zonas más deprimidas. El alcalde Livingstone dijo en su momento que no apoyaba el proyecto olímpico por el deporte, sino por el desarrollo y revitalización que podía suponer para una zona como el East End londinense, que ha sido considerado durante siglos el barrio más empobrecido y peligroso de la capital británica. La zona donde está el Estadio Olímpico era conocida como stinky Stratford (Stratford apestosa) debido a sus mataderos e industrias tóxicas.

¿Ha conseguido la vertebración urbanística financiada por los Juegos resolver este panorama? La Villa Olímpica se convertirá en viviendas sociales y muchos pabellones se remodelarán para convertirse en zonas deportivas disponibles a la población. Punto positivo. Se retiraron más de dos millones de toneladas de tierra contaminada con petróleo, aceite y materiales contaminantes como arsénico y plomo, legados de un pasado de pobreza e industrialización y se han convertido en parques y áreas de ocio. Segundo punto positivo. Sin embargo, atendiendo al fantástico estudio mapa interactivo elaborado por Oliver O’Brien, las cosas han cambiado muy poco.

Cierto es que habrá que esperar para ver resultados, pero al menos desde que los Juegos fueron concedidos hace 7 años, apenas si ha cambiado la situación. De hecho, pueden comparar el estudio de O’Brien con los famosos mapas de Charles Booth de finales del siglo XIX y ver que, en muchos aspectos, los índices socioeconómicos tampoco han cambiado tanto. El East End sigue siendo una de las zonas más pobres de Gran Bretaña, con un alto índice de desempleo (cercano al 15%), aunque espera ahora que los Juegos cambien de una vez por todas esa realidad.

Está claro que el gran reto para Londres (incluso para Gran Bretaña) en un evento de esta magnitud es asegurar un legado de crecimiento en estas áreas. Conviene recordar lo que dice la Carta Olímpica, en sus Principios fundamentales:

El objetivo del Olimpismo es poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armónico del hombre, con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana.

No es fácil darle la vuelta a los tiempos contemporáneos sin chocarse con obstáculos.

Créditos de la fotografía: Oliver O’Brien.

De optimismo también se muere

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Partamos de la base que creo firmemente que, para hacer frente a tiempos difíciles como los actuales, es necesaria una buena dosis de ilusión, a la vez que cierta prudencia y mantener el foco bien ajustado, sin distracciones.

Pero una cosa es un sano optimismo que elimine ansiedad, y otra ese buenrollismo a cuenta de la crisis que empieza a no convencer a nadie. ¿Queda alguien que no sepa que “crisis” significa oportunidad en chino? De optimismo (o falso positivismo) también se muere. Como decía Barbara Ehrenreich (a quien tuve la oportunidad de escuchar en directo en TEDxZaragoza),  en el mundo actual no está permitido sentir preocupación, miedo o rechazo. Existe un cierto culto al pensamiento positivo. No extraña, por tanto, el auge de los libros de autoayuda, los gurús del manáchmen, los telepredicadores televisivos estadounidenses, el coaching o la psicología positiva. Todo conectado por el hilo del optimismo. Siéntete bien, sé feliz y conseguirás plenitud en tu trabajo y en tu vida. Aparca tus miedos y tus frustraciones, eso no se lleva.

En las redes sociales, el culmen de ese optimismo vacío son los aforismos que abundan por doquier. Es el buenrollismo imperante en dospuntocerolandia, que diría mi buen amigo Andrés. Frases bienintencionadas, pero carentes de contexto y con escaso impacto. ¿Alguien piensa que una frase célebre puede generar una motivación suficiente como para cambiar las cosas? Ojalá fuera tan sencillo, pero me temo que nada más lejos de la realidad.

Los aforismos sólo son pensamientos impacientes, como apuntaba Susan Sontag en su libro de diarios:

Can it be that the literature of aphorisms teaches us the sameness of wisdom (as anthropology teaches us the diversity of culture)? The wisdom of pessimism. Or should we rather conclude that the form of the aphorism, of abbreviated or condensed or rogue thought, is a historically-colored voice which, when adopted, inevitably suggests certain attitudes; is the vehicle of a common thematics?

The traditional thematics of the aphorist: the hypocrisies of societies, the vanities of human wishes, the shallowness + deviousness of women; the sham of love; the pleasures (and necessity) of solitude; + the intricacies of one’s own thought processes.

[…]

Aphoristic thinking is impatient thinking: by its very brevity or concentratedness, it presupposes a superior standard …

En mi opinión, acierta de pleno. Vivimos un nuevo resurgir de estos pensamientos cómodos y facilones, que sin hacernos pensar demasiado nos llevan a una conclusión rápida y certera (en apariencia), aunque sin apenas tiempo para pensar. Pensamientos consumibles de usar y tirar en formato 140 caracteres o actualización de Facebook.

Afortunadamente, todas las situaciones son una amalgama de matices y no se puede ser optimista o pesimista “sin motivo”, hay que sustentarlo en conclusiones sólidas. En mi opinión, la clave es no caer en el victimismo o la resignación pesimista, sino tener (y mantener) un optimismo responsable (o inteligente, como lo denomina Ehrenreich), haciendo las cosas con ilusión y prudencia, aun siendo conscientes de las enormes dificultades a las que nos enfrentamos. Aceptar los aspectos positivos y negativos de una situación adversa es clave para interpretarla con claridad.

Les propongo algo: ¿y si la próxima vez que lean un aforismo, en vez de publicarlo en su cuenta de Twitter o Facebook, nos cuentan qué les inspiró a hacer y qué han conseguido? Estoy convencido que una simple acción sin florituras literarias tiene más impacto y llega a más gente que una frase. Aunque sea de Oscar Wilde.

Créditos de la fotografía: BaileyRaeWeaver en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

¿Cómo firmar un libro electrónico?

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Durante el Congreso Web 2012 tuve la oportunidad que asistir a la charla “Entendiendo la sociedad aumentada” de Dolors Reig. Después de escucharla, me acerqué a que me firmara y dedicara su último libro “Socionomía”.

Hablando con ella, con Lucas y Juan, estuvimos elucubrando sobre si ya es posible firmar un libro electrónico y, en caso contrario, cómo podría hacerse.
Desde el principio me pareció una oportunidad de negocio interesante: conseguir, en el ámbito digital, la misma conexión “física” que existe cuando un escritor dedica un libro a un lector. He estado investigando si existía algo similar en el mercado. He encontrado algunas ideas, aunque ninguna me termina de convencer.

La primera opción es KindleGraph, con un funcionamiento muy sencillo: conectas tu cuenta Twitter para identificarte, el sistema envía una notificación al autor, que puede firmar el libro con un trackpad y enviar el archivo de la imagen de firma directamente al lector. Daniel Pink lo explica paso a paso en su blog. Las desventajas de Kindlegraph son varias: debes ceñirte a su catálogo de libros y el fichero firmado se descarga en tu Kindle en un fichero independiente del libro electrónico, con lo que pierde cierta gracia.

La segunda opción es Autography, con un funcionamiento algo más complicado (explicado en este video): el autor dispone de una aplicación (en un iPad, por ejemplo) que le permite escribir un mensaje digital y remitirlo por correo electrónico al lector, que puede descargarlo directamente en su e-book. Por supuesto, además de la firma se puede incluir una imagen sacada con el mismo iPad o con una cámara externa que envíe los datos al iPad via Bluetooth. La gran desventaja que tiene esta solución es el tiempo: más de 2 minutos para completar la operación, con la posibilidad de abandonar en cualquier momento del proceso.

Incluso hay una tercera opción: el lector Nook (de Barnes & Noble) lleva incorporado un sistema para firmar el e-book, que obviamente desecho por no ser multiplataforma.

Para mí, la solución ideal debe ser una aplicación multiplataforma (es decir, que sirva igual para un Kindle que para un Nook o un Tagus) y que, funcionalmente, se acerca a Autography con un planteamiento más simplificado: el autor firma el libro con una app. Del mismo modo que para leer un e-book en tu lector sólo necesitas descargar un archivo (epub, mobi, PDF u otro formato) en tu reader, consistiría en que el autor envíe esa firma electrónica a tu lector, de modo que el fichero residente en tu lector se actualice con un fichero modificado, que incluya esa firma. Sin apenas perder tiempo e integrado en el mismo fichero del e-book. Parece sencillo, ¿verdad?

Supongo que si nadie lo ha implementado todavía es porque habrá condicionantes de tipo técnico que lo impiden. Esta solución tiene varias barreras de entrada: (1) la problemática de modificar un fichero original sobre formatos propietarios (como mobi-prc en Kindle) y (2) superar las dificultades que incluye el DRM en algunos e-books. Ambas barreras suponen la intervención de las compañías proveedoras de contenidos, con las que se podría negociar un servicio premium donde reciban una comisión por cada firma.

¿Se os ocurre algún otro método?

(La foto de esta entrada es de Luke Hayfield Photography en Flickr)

Salarios: ¿Y si el Gerente no es quien más cobra en la empresa?

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Los directivos están en el punto de mira. Los ciudadanos vemos cómo, mientras tenemos que ajustarnos el cinturón y sufrir todo tipo de recortes, a algunos directivos el sueldo se les sigue manteniendo intacto. Estos casos son todavía más flagrantes cuando se trata de entidades financieras que han recibido ayudas públicas para evitar su quiebra.

La crisis nos ha abierto los ojos respecto a algunos sueldos que parecen desorbitados. En mi opinión, la pregunta que deberíamos hacer a cada directivo es: ¿cuál ha sido su contribución al negocio? Y remunerarle en base a los resultados conseguidos (y no me refiero solamente a resultados económicos).

Aunque los salarios de directivos se mantuvieron estables durante el último año, los bonus continuaron en aumento, un 10,5% de media. Ahí tienen, por ejemplo, el listado de los sueldos cobrados por ex-ejecutivos de Cajas de Ahorros españolas (vía Genís Roca). Poco más que añadir, salvo que está claro que hay que que repensar este sistema para que sea acorde a los intereses generales, que favorezca un reparto más justo y esté vinculado a los beneficios conseguidos (no a acuerdos previos). Y supongo que aquí los accionistas de estas empresas deberían tener mucho que decir.

Una de las claves puede ser de equidad interna, es decir, la brecha salarial entre los sueldos más altos y la media salarial. Pero, ¿cómo es esa situación en España? Atendiendo al estudio de Vicenç Navarro, España es el país en el que existe mayor diferencia entre el salario medio y los salarios más elevados (contando las veces que la decila superior salarial es mayor que el salario medio):

Lo que caracteriza la situación en España es una media salarial muy baja con una dispersión salarial muy elevada, lo cual contrasta con los países nórdicos, cuya media salarial es más elevada que en España y cuya dispersión salarial es mucho más reducida.

Es importante subrayar este dato, pues parte del dogma neoliberal es que la dispersión salarial es una condición necesaria de eficiencia económica y elevada productividad. Los países nórdicos tienen salarios más altos, con menores desigualdades salariales, siendo estos países los que tienen y gozan de mayor eficiencia económica. Y una condición para que ello ocurra es que el porcentaje de salarios bajos en aquellos países sea muy bajo.

Dicen que para determinar de forma rápida la equidad relativa de los sueldos en una empresa, debes dividir el sueldo más alto de la compañía por el más bajo y la diferencia no debería ser superior a un factor de cinco o seis. Tomando como ejemplo el sector financiero, las diferencias sobrepasan en la mayoría de los casos un factor de 100, lo que ofrece una imagen clara de lo desorbitado de algunos sueldos.

¿Y los salarios en las empresas tecnológicas?

En el caso de mi sector, las empresas tecnológicas, las diferencias también han aumentado en estos últimos años y los sueldos se han resentido considerablemente.

Lamentablemente, la trayectoria habitual para muchos profesionales recién salidos de carreras técnicas (no sólo de Ingenierías) es acabar depredado contratado por una consultora informática (o cárnicas, como se les denomina en el sector), te trasladan a una empresa cliente y te colocan en un lugar donde eres un extraño (para tu empresa y para tus compañeros del día a día), donde es difícil echar raíces, sin posibilidad de trabajar en un proyecto común y en unas condiciones que, en la mayoría de ocasiones, no suponen una proyección profesional mínima.

Condiciones draconianas, en muchos casos, con beneficio con riesgo casi nulo para la consultora y alimentado por esas grandes empresas que se dedican a subcontratar estos servicios al mejor postor. Si aceptas eso, es posible que acabes como otro explotado con corbata, es muy probable que acabes frustrado por trabajar en estas condiciones.

David Bonilla explica fenomenal la situación del sector en “La falacia del programador perdido” donde respondía un artículo previo de Enrique Dans:

Conozco a más de un CEO que afirma que no pueden permitirse ofrecer más de 33.000€ por ese gran programador que andan buscando desesperadamente, a pesar de que les intentes convencer de que sus posibilidades aumentarían exponencialmente si ofrecieran 40.000. Es hora de que alguien les diga la verdad: si permites que tu proyecto se pare o pierda time-to-market por 7.000€ al año, o eres un CEO de mierda o lo es tu proyecto. Deja de “jugar a las empresas” y despierta. Esto es la vida real, no el mundo falso y seguro de tu hoja Excel.

Repensando el tema retributivo, me encontré con este tuit de Marek Fodor:

A mí también me parece bien. No es sólo que se paga un buen sueldo a los programadores, sino que son los mejor pagados en la empresa (por encima de comerciales, directores de departamento o el mismo CEO). Sin conocer las cantidades (que supongo que estarán conforme a mercado), este planteamiento deja a las claras varias cosas:

  1. Se respeta el trabajo de programación (uno de los trabajos intelectuales más complejos y que mayor abstracción requieren) como un trabajo de primer nivel, se valora su aportación al negocio y no se le trata como una actividad secundaria que cualquier persona junior puede desarrollar. (Lo centro deliberadamente en programación por el tuit de Marek Fodor, pero podría ser diseño, usabilidad, rendimiento de aplicaciones, marketing o cualquier otra actividad que la organización considere clave)
  2. Esos programadores disponen de un proyecto profesional sólido, con una línea clara de desarrollo de productos/servicios. Son el núcleo de la organización.
  3. La Dirección ha apostado fuerte por diseñar un esquema de retribución adecuado a sus necesidades, aunque se ponga en tela de juicio la tradicional pirámide invertida de sueldos crecientes en función del organigrama (y, consecuentemente, del -supuesto- nivel de responsabilidad y toma de decisiones).

No se trata de poner boca arriba todas las políticas salariales del sector (o quizá sí), pero desde luego pone en valor la importancia que algunos especialistas pueden suponer en un negocio como una empresa de Internet y les remunera en consecuencia. Volviendo a la pregunta anterior: ¿cuál es su contribución de estos profesionales?, creo que la Dirección de kantox.com tiene una respuesta clara.

Créditos de la fotografía: Peter Hellberg en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

Movimientos hacia una web independiente

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Hace una década vivimos una eclosión de gestión de contenidos en internet: los blogs revolucionaron el panorama de generación de contenidos y, quien más quien menos, tenía su propio sitio en Internet.

Con el tiempo, la emergente “web social” se fue adueñando del panorama y fuimos migrando nuestros contenidos a otros servicios como Flickr, Twitter, Facebook o, más recientemente, Instagram o Pinterest.  Nuestro contenido, nuestros datos, nuestras identidades las transferimos a estas redes sociales donde estaban nuestros amigos, a la vez que conseguimos que estas empresas se hicieran ricas usando nuestros datos: “If You’re Not Paying for It; You’re the Product”, como le leí hace tiempo a Marek Fodor.

Esas redes sociales son servicios que han funcionado (y funcionan) como silos de información donde es complicado transferir contenidos de forma transparente. En ese sentido, en W3C hay un grupo de trabajo que trata de desarrollar federated social web — una estructura de información que pretende evitar esos silos de información entre aplicaciones de redes sociales, permitiendo compartir y difundir contenido entre plataformas de forma transparente al usuario. Hablando de forma sencilla, del mismo modo que puedo enviar un correo electrónico desde GMail a Yahoo! o Hotmail teniendo únicamente una cuenta en GMail, ¿por qué no mandar un tuit o una actualización de Facebook desde otra aplicación sin tener una cuenta abierta en esos servicios? Cierto es que existen aplicaciones que ayudan a conseguir este objetivo de multiposting pero, por el momento, no existe una inter-operabilidad real entre plataformas a través de estándares.

En Radar O’Reilly tratan este tema  hablando con Brett Slatkin (ingeniero de Google y miembro del grupo de trabajo W3C) de la web social federativa y llega a una conclusión interesante: ya que no podemos compartir contenido de forma transparente entre aplicaciones sin necesidad de ser usuarios de cada servicio, ¿podríamos tener una web social descentralizada donde el usuario controle su información, los datos que genera y su identidad online y pueda compartir libremente?

El viejo sueño de Diaspora, que no llegó a cuajar: disponer de una red social distribuida y millones de subredes sociales conectadas a la red social. Sin ser propiedad de ninguna persona o entidad, manteniéndose así libre de adquisiciones corporativas, publicidad, y otras amenazas.

Slatkin plantea que, con la tecnología actual y sin interoperabilidad real entre servicios, una buena alternativa (seas usuario o empresa) es controlar todos los contenidos que generas en un lugar propio (bajo un dominio propio, se entiende) y utilizar sólo las redes sociales y otros servicios web sólo para difundirlos y conectar con tu audiencia, pero no para alojarlos:

“The new thought here is: publish from your own site, but use all these great social networks like Twitter and Tumblr and Facebook to connect with your audience, to boost engagement, and to get as much reach as you possibly can.”

No parece mala idea dado que, además, en algunas redes sociales como Facebook, todo lo que subes pasa automáticamente a ser de su propiedad:

Para el contenido protegido por derechos de propiedad intelectual, como fotografías y vídeos (en adelante, “contenido de PI”), nos concedes específicamente el siguiente permiso, de acuerdo con la configuración de la privacidad y las aplicaciones: nos concedes una licencia no exclusiva, transferible, con derechos de sublicencia, libre de derechos de autor, aplicable globalmente, para utilizar cualquier contenido de PI que publiques en Facebook o en conexión con Facebook (en adelante, “licencia de PI”). Esta licencia de PI finaliza cuando eliminas tu contenido de PI o tu cuenta, salvo si el contenido se ha compartido con terceros y éstos no lo han eliminado.

Se trata de mantener tu propio contenido sin necesidad de abandonar tu red social (tus amigos): gestionar tu propio blog, sindicar tus contenidos, alojar tus fotografías… Es lo que Tantek Çelik llama “Indie Web”, volver a la web independiente de otros servicios. Otro movimiento a seguir de cerca.

Créditos de la fotografía: alles-schlumpf en Flickr (bajo licencia Creative Commons)