Fracasar sí, pero mejor hacer bien las cosas a la primera

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Ya nadie duda que vivimos tiempos de cambio, y tenemos que adaptarnos a estos tiempos convulsos y estar permanentemente en proceso de redefinición. Dentro de ese proceso, y condicionado por esa incertidumbre, se vuelven habituales las dinámicas de ensayo-error, con la posibilidad de fracasar una y mil veces antes de alcanzar tu objetivo.

A menudo, nuestra cultura (que valora más conseguir resultados inmediatos que duraderos) aporta al fracaso una connotación negativa, mientras que otras sociedades más innovadoras lo consideran una etapa intermedia que nos acerca al éxito. Debemos ser capaces de analizar ese fracaso, aprender de él y compartir nuestra experiencia para evitar que otros y otras caigan en la misma trampa.

Fracasar no es, por tanto, algo avergonzante. La calidad y superación de la persona no está en no fallar, sino en saber reponerse de sus errores y simplemente, seguir adelante. Esto que mi amigo Guzo López me enseño hace muchos años y que los psicólogos llaman resiliencia.

Sin embargo, esa probabilidad de fracaso no debe ser una excusa ni un cheque en blanco. En mi experiencia, quienes marcan la diferencia son aquellos que son capaces de hacer las cosas bien a la primera. Son esas personas capaces de entender el problema con precisión, que analizan las opciones disponibles y tomar la mejor (o una buena decisión) incluso en escenarios desfavorables o donde no tienen todos los datos.

Puede parecer magia o simple intuición pero, sobre todo, es necesario saber “cocinar” con una pizca de foco, organización y concentración. Foco para acertar con las tareas adecuadas. Organización para planificar, realizar y finalizar las tareas que abordamos. Concentración para tomar buenas decisiones y evitar distracciones innecesarias. Ojalá no fuera así, pero el amigo Pareto arrasa: “el 20% de lo que hacemos supone el 80% de los resultados que conseguimos”. ¿Te sorprende?

Como planteaba Carina Szpilka, hacer bien las cosas a la primera, unido a un equipo comprometido y una experiencia de cliente única son algunas claves para conseguir nuestros objetivos.

Créditos de la fotografía: Celestine Chua en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

Reflexiones #cw12: el futuro de internet lo hace la gente

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Este fin de semana hemos asistido al Congreso Web 2012, dos días de charlas, talleres y ponencias sobre el presente y futuro de internet desde diferentes puntos de vista.

En general, mi impresión general es bastante positiva. Comparto con ustedes algunas reflexiones al respecto:

  • Ha habido ponencias de primer nivel. Buenos ejemplos son las charlas “Entendiendo la sociedad aumentada” de Dolors Reig o “Ciudadanos digitales: el futuro de Internet” de José Luis Orihuela.
  • Me ha faltado cierto hilo argumental en el desarrollo de ponencias: varias de ellas trataban los mismos temas desde perspectivas similares. Además, en varios casos, la profundidad del contenidos era escaso, sin profundizar en la materia. Tematizar las ponencias y que la organización conozca con antelación los contenidos de las ponencias pueden ser soluciones a este área de mejora.
  • Hay una progresiva profesionalización del sector, aunque todavía queda recorrido. Ver palabras como “eficiencia” en algunas ponencias hablan a las claras de ello.
  • No he oido la palabra “monetizar” en todo el Congreso. Punto muy positivo.
  • Es posible que no haya estado atento pero no he visto a nadie que se presentara como inversor en el evento (ya saben, encontrarte con gente conocida siempre te distrae y uno no puede estar en todas las charlas simultáneamente). Me ha extrañado bastante, siempre aparecen buenas ideas de negocio digital en estos eventos y es una buena oportunidad para inversores (ojo, me refiero a inversores de verdad no interesados que ponen 30.000 euros por el 30% de tu empresa).

A pesar de ello, una lectura que (creo) debemos sacar de eventos como éste es que también debemos hacer congresos de Internet donde también participe gente no técnica o que no trabaje el sector. Un evento segmentado por un contenido orientado a desarrolladores/profesionales del medio digital puede ser positivo, pero deja fuera a la mayor parte de los usuarios de Internet. No olvidemos que hablamos de personas, no de herramientas o técnicas y sigue siendo tan importante su desarrollo orgánico como la divulgación hacia otros foros.

Tenemos que conseguir que estos eventos sean también un espacio abierto para usuarios no técnicos para los que panda y pingüino son animales de color blanco y negro, no algoritmos que repercuten en el posicionamiento o las ventas de tus productos.

¿Cómo podemos demandar que nuestros clientes entiendan lo que hacemos si nos ceñimos a explicarlo en círculos cerrados donde nos encontramos con ‘heavy users’ como nosotros? Como bien apuntaba José Luis Orihuela en su ponencia, somos los ciudadanos digitales (quienes utilizamos internet) los responsables de definir su futuro.

Debemos conseguir que la sociedad entienda los retos a los que nos enfrentamos y participe en darle forma. La historia y el futuro de internet lo hace la gente, no lo olvidemos.

Créditos de la fotografía: Espacio CAMON en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

Comunicar sin ambigüedades

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Dentro de mi función comercial, lidio diariamente con gente variada que tienen cargos de responsabilidad y suelo fijarme en cómo comunican sus ideas, si lo hacen con fluidez, qué recursos utilizan o si titubean constantemente.

Simplificando bastante, suelo clasificarlos en dos grupos:

  • Aquellos que hablan (y escriben) de forma clara y concisa, lanzando ideas sencillas que el interlocutor entiende y asimila con facilidad. Ejemplos hay de #otraformadeliderar y comunicar.
  • Aquellos que hablan de forma difusa y grandilocuente, usando un palabrerío que obliga al interlocutor a hacer un gran esfuerzo de entendimiento. Es fácil encontrar ejemplos en la política, por ejemplo.

En realidad existe un tercer grupo, menos frecuente, del que hablaremos en otra ocasión: los tímidos. Es algo que no deja de sorprenderme, que ocupes un puesto de responsabilidad y no sepas comunicar tus ideas con fluidez y de forma sencilla, tanto dentro de la empresa como en público.

Evidentemente, no es criticable utilizar una forma u otra, todo depende de quién tengas enfrente. Pero, es importante comunicar sin ambigüedades. Habitualmente, te comunicas con un público medio que debe comprender tu mensaje en pocos segundos. No está de más practicar una comunicación eficaz.

Comunicar sin ambigüedades. Todo esto me lo recordó Javi Rocamora con este tuit:

Algo que caracteriza a estas personas de comunicación difusa es que suelen asumir que sus colaboradores entienden lo que quieren de ellos con pautas muy básicas, y estos “gaps” de comunicación son los mayores desencadenantes de estrés laboral. Mi experiencia me dice que sales ganando si eres capaz de dejar claro a tus colaboradores lo que esperas, y no dar pie a interpretaciones del estilo “qué me quiso decir con aquella palabra” o “por qué motivo hizo aquello…”. Como dice un buen amigo, una conversación pendiente es una oportunidad perdida de resolver un problema.

No siempre es fácil, porque modificar algunos comportamientos que tenemos interiorizados requiere mucho esfuerzo, caídas y levantamientos incluidos. Pero lo fundamental para llegar a tu objetivo es saber dónde quieres llegar. El resto es cuestión de hacer una buena mochila.

Créditos de la fotografía: Nataraj Metz en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

Renacimiento

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El ave que renace de sus propias cenizas… Así me siento escribiendo este post después de más de cuatro años sin escribir más que informes y propuestas a clientes.

Hoy hace exactamente siete años de mi primer post. En otro formato y en otra ubicación, pero con las mismas ganas con las que empecé, me apetece retomar de nuevo el hábito de escribir en público mis reflexiones personales. Como diría alguno, no estaba muerto que estaba de parranda. En el renacimiento está la respuesta, por aquí nos iremos viendo.

El componente accidental de la innovación

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Tendemos a ver la innovación como un proceso meditado, reflexivo, maduro y bien planificado. Sin embargo, ese proceso de innovación puede tener un alto componente accidental.

Lo explica bien en “The Accidental Innovator”: el descubrimiento de la penicilina, la sacarina o el revelado fotográfico fueron absolutamente casuales. Los profesores Robert D. Austin y Lee Devin de Harvard han publicado el artículo “Accident, Innovation and Expectation in Innovation Process” que pretende determinar la importancia del factor accidente en el proceso de innovación. Quizá este factor es más evidente en el proceso creativo donde, al tratarse de una etapa más temprana, suele encajar mejor e incluso se busca cierto componente accidental:

I found that many artists are very upfront about the importance of accident in their processes. Some artists see accident as a good way to produce something that they would not have been able to think of in advance and that is, therefore, quite new—something they wouldn’t have even thought to try to create. One artist showed me how one of his important pieces came out of some experiments with unusual tools; he wasn’t trying to do a piece of work, he was just trying out the unfamiliar tools, and something interesting happened.

E incluye un punto importante: la creatividad asociada a esa innovación también se basa en la retención selectiva. Tener la habilidad de desechar algunas ideas en el proceso puede facilitar el camino hacia el objetivo:

That is, we need two processes, one to generate things we can’t think of in advance, and another to figure out which of the things we generate are valuable and are worth keeping and building upon. In science, the arts, and other creative activities, the ability to know what to throw away and what to keep seems to arise from experience, from study, from command of fundamentals, and—interestingly—from being a bit skeptical of preset intentions and plans that commit you too firmly to the endpoints you can envision in advance.

En esta ocasión Pareto arrasa, pero de forma positiva. A veces, llegar a la solución perfecta a la primera es difícil. Ir por aproximaciones sucesivas ayuda mucho a clarificar ese camino hacia la innovación.

Créditos de la fotografía: Boegh en Flickr (bajo licencia Creative Commons)