Meme: Cinco cosas que probablemente no sabes de mí

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Me pasa Jordi Abad el meme de temporada, con 5 cosas que probablemente no sabes de mí. Así que allá van:

  1. Mi vocación frustrada es la arquitectura. Me hubiera gustado ser arquitecto, pero no existía esa carrera en Zaragoza. Al final me decidó por Ingeniería en Informática. En el fondo también construyes, pero en el mundo digital en vez del físico.
  2. Cuando tenía 21 años viajé por primera vez al extranjero. Fue un seminario de la Universidad en Würzburg, una pequeña ciudad en Baviera. Aquello me impactó de tal modo que desde aquel viaje me propuse viajar al menos a 100 países en mi vida y haber estado en los cinco continentes . De momento la lista es de 3 continentes y 15 países.
  3. Aunque últimamente no es posible por motivos de tiempo, intento leer todos los días. Suelo hacerlo por la mañana, antes de ir a trabajar.
  4. Me encanta Japón: soy estudiante de idioma japonés y mi escritor favorito es Haruki Murakami.
  5. Ciudades en las que me encantaría vivir (al menos, durante un tiempo): Nueva York, Berlín, Buenos Aires, Estocolmo, Tokyo o Sidney.
    Por cierto, que la mayoría de ellas no las he visitado todavía.

Por supuesto, quién lo quiera continuarlo que lo haga.

Creatividad y estados de ánimo

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Que la creatividad se puede ver afectada por nuestro estado de ánimo parece lógico. Ciertos estudios psicológicos han demostrado que nuestra actitud es determinante en nuestra creatividad y nuestra capacidad de atención y de procesar información. Hablan de ello en “Happy Emotions Boost Creativity”:

Increasing evidence suggests that our mood literally affects the way we visually process information. According to a new study published in this week’s Proceedings of the National Academy of Sciences, a happy mood may “free our mind” and increase our creative thinking abilities. However, being in a good mood may also make us more distracted.

En estos días de relax -que permiten mirar las cosas con perspectiva- y cuando las estadísticas hablan de un aumento significativo de casos de “síndrome del quemado en el trabajo” (o burnout) cada vez está más extendido, conviene reflexionar un poco sobre nuestra vida el resto del año. Y por eso, en el entorno laboral, creo que se vuelve más importante que el equipo encuentre un liderazgo que marque los objetivos y redefina el trabajo con cierta regularidad, que controle los factores de estrés con ciertas dosis de imaginación.

Nuevas tecnologías en los trenes

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Hacer en un día cuatro viajes en AVE (Zaragoza-Madrid-Sevilla) da para pensar mucho. Aparte de certificar lo bien que funciona la alta velocidad, estuve fijándome en los pasajeros a mi alrededor y el uso de las tecnologías. Como apuntaba JJ en “Entretenimiento a bordo”, cada vagón está cada vez más lleno de “pijorricos” electrónicos: portátiles, iPods, reproductores MP3, móviles 3G, agendas electrónicas, etc.

Es curioso que cuando se sacan plataformas de entrenimiento doméstico basadas en ordenadores, los ordenadores, sin mucha alharaca, se van convirtiendo en plataformas de entretenimiento móvil. En un momento determinado, yo puedo llevar también el portátil series, gigas de música, y cientos de libros electrónicos, que te pueden resolver una hora muerta (o varias) en un momento determinado. Y es así por la combinación de varias circunstancias: el tiempo que dura una batería, que supera ya las dos horas, la disponibilidad de contenido barato (o gratis, para entendernos), y el hecho de que los propios portátiles y periféricos sean también suficientemente baratos, y tengan la calidad suficiente como para reproducir pelis sin que el procesador se tueste en su propio jugo. 

Pero lo que más me sorprende es la bajísima implantación del billete electrónico: apenas unos pocos utilizamos la comodidad que supone imprimirlo en casa. Se compra igual que el aéreo, pero tiene incomodidades como la necesidad de canjearlo en la estación la primera vez. Por otro lado, sería lógico que si la impresión de los billetes físicos tiene unos costes y estos se cargan al consumidor, eso repercutiera en una reducción del precio.

Y, hablando de nuevas tecnologías en los trenes, podían aprovechar  y poner Wi-Fi gratuita (en los vagones y en la estación). Con lo que cuesta el billete, sería todo un detalle.

Intervencionismo y software libre

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El otro día, desayunábamos con la noticia “El Congreso insta al Gobierno a promover el software libre”, estableciendo políticas que favorezcan en España la industria y el desarrollo de software libre y de código abierto en España para dar respuesta a necesidades que en la actualidad sólo se pueden resolver con el llamado “software propietario”.

Nadie duda de las ventajas del software libre y de su modelo de negocio, en especial la trascendencia que supone la implantación del software libre en la Administración, en cuanto a beneficio económico, pero también en seguridad, escabilidad o la siempre denostada interoperabilidad. Por no hablar del uso de estándares abiertos (que permitan acceder al ciudadano sin necesidad de formatos propietarios) o de la liberación de datos generados con dinero público.

Pero, ¿por qué motivo hacer extensiva esa declaración y mediar en el mercado español de software? Juan Palacio ofrece algunos argumentos que me parecen relevantes:

¿El poder político debe intervenir en el sector del software? ¿No son dos modelos de negocio son perfectamente válidos y caben y tienen su lugar en un sistema de libre competencia? Por eso sinceramente, lo pregunto con perplejidad: ¿Esto no es intervencionismo tendencioso?

Como Juan, no veo claro que haya una dependencia entre la decisión para la (particular) situación de la Administración y su influencia en las políticas gubernamentales. Y, por supuesto, no termino de entender estos excesos de intervencionismo, máxime cuando se desea fomentar una política de innovación actuando en los medios y no en los fines. Esas actuaciones se centrarán (como en ocasiones precedentes) en mucho marketing, “fomento de su uso” a nivel institucional (¿cómo puedes defender algo que no conoces?), nuevas subvenciones e incentivos económicos para su implantación.

Es decir, hacer lo mismo que siempre pero con mucho más dinero y sin actuar en los problemas de base.

Créditos de la foto: Kalexanderson en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

Periodismo ciudadano y generación de contenidos

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Sobre periodismo ciudadano en “El público es el nuevo periodista“: “la tecnología facilita la aportación de los «aficionados» al cauce de las noticias, a veces dentro de la estructura de los medios, y cada vez más, fuera”. Comentan que algunos periodistas creen que el «reportero ciudadano» se limitará a aportar un testimonio directo en las catástrofes. Estoy más de acuerdo con la opinión de Juan Freire, que aparece en el artículo y lo hace extensivo:

Asistimos a la eclosión del periodismo ciudadano con consecuencias imprevistas para los medios tradicionales y para la sociedad y la política. Dentro de este nuevo modelo de comunicación, hibridada en muchos casos con el activismo, surge lo que Christopher Lydon (Radioopensource.org) llama periodismo hiperlocal, y es de nuevo en los “márgenes del sistema”, los barrios marginales en este caso, donde esta tendencia se abre paso más rápidamente por necesidad interna (denunciar una realidad desconocida) y externa (obtener información alternativa sobre conflictos locales con repercusiones globales).

Ya comentamos que los medios empiezan a moverse hacia modelos más participativos, sea por obligación o por necesidad. Aunque “citizen journalism” sea un término acuñado por el mismísimo Dan Gillmor, no me parece muy afortunado. Me encaja más “generación de contenidos” o algo similar. Al final, ¿ no se trata de conectarse y colaborar en pos de una información más participativa, confiable, útil y cercana ? Igual es un problema semántico, sin más.

Lo que parece es que el periodismo cambia hacia algo similar a una conversación. ¿Para cuándo en las empresas? ¿O mejor esperamos a la Web 3.0?

Créditos de la fotografía: epSos.de en Flickr (bajo licencia Creative Commons)